samedi 24 février 2007

El diario perdido de Esperanza Persona

Jueves, 11.08 am, aeropuerto Charles de Gaulle, París
Me invento una carta de amor. Una necesidad terrible e ineluctable: crear un acontecimiento, algo que venga a perturbar mi vida intranquila, algo que me arranque a estos días que pasan sin piedad, y sin ancla en puerto alguno. Espero el vuelo a Lisboa – a las doce debería despegar el avión sobre el abismo, y llevarme hasta esa tierra desconocida.
Imagino que encontraré a un hombre nuevo, desconocido; un hombre fuerte, cuyo abrazo imaginario me llevaría al principio del tiempo, ahí donde nada existe todavía.

Jueves, 6.55 pm, Lisboa (calle)
Finalmente puedo sentarme en la azotea, ver el cielo que lentamente se desvanece en una oscuridad de leyenda. Puedo sentir una brisa marina que invade mis sentidos. Un soplo de viento, un vaso de vino.

Viernes, 7.03 am, Lisboa
El día regresa a esta ventana; me preparo lentamente a robarle unas horas a la ciudad, a perderme como en un laberinto.

12.30 pm
Me levanté al alba, recorrí la avenida “Libertad”, en las aceras que desafiaban a las sombras. Las arabescas en la vereda me recordaban sueños de otros días. Un viento ligero acariciaba mi cuerpo, la brisa se anidaba entre mis cabellos, como las manos iagianrias de ese hombre que en el sueño lejano me hacía cautiva de sus ojos claros.
Ciudad chillona, ciudad ruidosa, ciudad indecente. Magnífica, terrible ciudad.
El sol hace los sonidos más agudos.
Me duelen los pies. No me gusta la mirada de los hobres de la ciudad. Silban, invitan.
Tal vez mi aire perdido les da la ilusión que les mostraré una ruta cualquiera. Me gusta la gente que cruzo en los cines. El intervalo de la oscuridad, 24 vidas por segundo. Comparto con ellos un sueño de desfile sin fin. Me gusta el cine porque puedo soñar a gusto.
Ahora, soñé en hacerme bella para el hombre imaginario.

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