<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1849065811765140909</id><updated>2012-02-16T11:13:23.468-08:00</updated><title type='text'>Esperanza Persona en Lisboa</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://esperanzapersona.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1849065811765140909/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://esperanzapersona.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Monelle</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08955711718339016040</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>2</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1849065811765140909.post-5082520824779159785</id><published>2007-02-24T15:48:00.000-08:00</published><updated>2007-02-24T15:51:32.459-08:00</updated><title type='text'>Impromptu Noche Adentro</title><content type='html'>DE NAUFRAGIOS Y OLViDOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt; A un desconocido, carta intempestiva&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido Sebastián, así empezaba aquella carta que encontré a orillas del Sena, una tarde tibia de finales de mayo. Era un crepúsculo de luz metálica; el cielo se dilataba en una enorme nube negra que amenazaba con ráfagas ensordecedoras a las pálidas fachadas de la ciudad. La primavera llegaba de mala gana a París, y yo caminaba cerca del Pont Marie. Qué cara tendrá el olvido, me preguntaba esa tarde como tantas otras, hasta que bajando del puente mis pasos me llevaron al rincón tan privilegiado de la nostalgia occidental. El lugar parecía desierto. Tomé esas hojas que alguien había escrito precipitadamente, interrumpiéndose quizás por mi llegada. Creo que escuché a alguien que huía. Intuí, mientras recorría las primeras frases, que entre aquellas líneas se esbozaba en filigrana el impávido rostro de un olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi nombre era Milena Lázarus. Violonchelista, vanidosa; vacíos y melodías me bastaban para deslizarme, siempre ajena, por esta ciudad que ahora se me escapa.&lt;br /&gt;Ella firmaba Esperanza Persona. Como una trampa, se tejía su nombre entre dos suspiros. Quiénes habrán sido sus padres, me dije, para haberle dado tal nombre. Esperanza, el anhelo inconforme, como quien se estira hacia algo que acaso nunca venga. La espera, el olvido - el desastre. Persona, a la vez máscara y vacío. No hay nadie, il n’y a personne...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Querido Sebastián: ahora soy yo quien te escribe, habiendo despojado los recuerdos de aquella carta con motivos infantiles, un temblor un sofoco, falsas fórmulas y estilo ceremonioso. Sebastián, repetí mientras, sin pudor alguno, me dispuse a leer las páginas que ya se desteñían bajo las primeras gotas de lluvia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se despertó bruscamente, gritando desde una pesadilla.  Al abrir los ojos y reconocer el cuarto de hotel, sonrió casi aliviada, viendo como el alba rasgaba lentamente el cielo de Lisboa.&lt;br /&gt;Habia soñado con una lúgubre fiesta de disfraces – era un gran baile dado en su honor, en el cual nadie parecía reconocerla. Recorría los largos corredores de algún castillo antiguo a orillas de un lago. En medio del lago, ardía en llamas un velero. Se paseaba desesperada entre los invitados, diciendo soy yo, soy yo, he perdido mi disfraz. Todos la evitaban, como si fuese un cuervo o la lluvia. Al final de una galería de espejos de humo, un hombre le sonreía. Se acercó a él, y éste le decía con una voz que sonaba como miles de copas que se quiebran: “Soy el único que te reconoce, porque te he olvidado”. Detras de él, se veía el velero en llamas bajo la noche plutónica. Ella quiso acariciarlo: un antifaz azul ocultaba un rostro felino de rara belleza. Trató de remover el antifaz. No pudo reprimir entonces el ahogo de terror, al sentir el gélido precipicio en el que se hundía cuando, tras el vago crujir del antifaz, la figura de aquel hombre se disolvió en un puñado de cenizas entre sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encendió un cigarrillo, y salió al balcón de su cuarto de hotel. Lisboa se despertaba en silencio y viento. Decidió salir a caminar, buscando el Tajo.&lt;br /&gt;Las horas cenicientas se alargaban en el rumor del domingo, mientras recorría la Avenida Libertad, y se perdía entre los laberintos de mármol de la acera. En la Plaza Comercio, evitó a algunos turistas, tratando de abrir sus brazos al agua que se ensanchaba en el horizonte, imponente, bajo un puente que algunas nubes parecían disimular.&lt;br /&gt;Las calles pedregosas y estrechas de la Alfama se enramaban en perspectivas por donde se colaba el sol de la mañana. La luz polvorienta, casi sólida de la ciudad, moldeaba los contornos del movimiento. Suavizando cada esquina, el blanco de los azulejos se alzaba como una coquetería de los muros, una especie de garbo de edificios que se deshilaban en ruinas.&lt;br /&gt;Se hubiera podido quedar en cada terraza a recibir la brisa indecisa, entre río y mar, entre esplendor y margen, de esta ciudad que descubría.  Llegó hasta el Muelle de las Columnas, apoyándose en un muro que le permitía ignorar a los curiosos que empezaban a llegar, mientras respiraba la brisa marina, tan llena de expediciones y sueños ancestrales, en aquella vista que alguna vez fue el extremo del mundo.&lt;br /&gt;Fue un gesto del hombre a su izquierda que la hizo salir de su ensueño. Era un turista normal - mochila, pantalones cortos. Iba acompañado de una mujer rubia. Ella detalló su cuerpo: un deportista, se dijo, un rugbyman. Esta palabra la hizo estremecer. Decidió acercarse a la pareja qua ahora caminaba en dirección del Castillo San Jorge. No oía bien lo que decían, apenas un murmullo equívoco. Si habla en inglés, es Él, se dijo, riéndose al sentirse tan ridícula, sorprendida por el regreso intempestivo de aquel recuerdo, vaga telaraña que se colaba de vez en cuando en su mente. Creía haberlo olvidado ese año. Cruzando el umbral del castillo, los vió que se detenían frente a un vendedor de collares. Efectivamente, hablaban inglés. Presa de pánico, se acercó para ver mejor al hombre que, perturbado por la mirada de la desconocida, tomó de la mano a su compañera. Ella decidió acabar una vez por todas con el hechizo: hasta nunca Sebastián, le dijo al hombre, que ésta vez la ignoró completamente. Hasta nunca, creyó decirte Sebastián. Hablándole a tu recuerdo borracho de olvido.&lt;br /&gt;Febril, se volvió hacia el portal de entrada. “A menina viu o diabo”, dijo la pordiosera de la entrada, mientras ella regresaba al Muelle de las Columnas, sin ver atrás, el castillo, la pordiosera o su fantasma. El bullicio agudo de la ciudad le impedía concentrarse, asociar su pesadilla de la noche anterior con la absurda visión que había tenido en el Castillo. Llamó un taxi de un gesto brusco; seguramente la esperaban en Culturgest para dar una conferencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la noche, se encontró con otros artistas, y la conversación vino irremediablemente a aludir al “alma portuguesa”.&lt;br /&gt;- Por la gran alma portuguesa, dijo un hombre levantando una copa, brindo por una nación entera que espera, como una mujer, el regreso de Sebastián, agregó éste entre carcajadas.&lt;br /&gt;Su primera reacción fue la de indignarse. Se levantó bruscamente; pero al entender que nadie se refería a ella – ¿cómo hubieran podido sospechar algo que ella misma creía haber olvidado?- finjió un malestar. Se retiró entre el bullicio de los asistentes. Aire, necesitaba aire.&lt;br /&gt;De vuelta a su balcón, se le vino de golpe la ciudad, Pessoa, su sueño y sus banales recuerdos de adolescente apasionada. Se le vino aquella noche, aquel hombre oscuro. Tumbaste de nuevo la puerta de su memoria. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche, decidió escribirte, cumplir con el rito que giraba en torno a una noche fugaz. La fecha del ritual aún estaba lejos, pero los signos parecían precipitarse. Ya nueve años habían pasado, y ella seguía, bajo diversas máscaras, regresando a tu vida de vez en cuando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si es para reírse, Sebastián. Cómo quisiera seguir de otra manera estas líneas, encontrar la fórmula que sacara de la banalidad lo que me urge contarte. Mentir un poco. Quisiera poder arquear cada letra de tu nombre desconocido, dibujar el sonido del címbalo invisible, adivinar tu mirada oculta, o sentir el crujir de fogatas que nunca fueron mías...&lt;br /&gt;¿Acaso te acuerdas, Sebastián?&lt;br /&gt;Fue una noche cerca del Trópico. Una fiesta imprevisible, tu presencia inesperada entre desconocidos. Todo empezó en esa fiesta. Había mucha gente; la música se elevaba, ahogando las conversaciones. O tal vez era el momento en que sólo se distinguían murmullos, bajo las luces tenues de una velada entre íntimos. La dueña de casa te acogió, y te presentó a algunos invitados. Tu mirada como una brasa al ocaso - te habías aburrido tanto durante tu corta estancia en aquel país tan pequeño. Tal vez tenías miedo; pudiste haber sido tímido como un niño, cuando alguien te sirvió un trago amargo. La conversación era banal, y fue entonces que viste sus grandes ojos negros. O fue ella quien habló mas fuerte, para llamar tu atención. Habrá citado a un poeta, será acaso tan inmensa la eternidad, que no podamos encontrarnos... Se sonrieron, y los demás invitados empezaron a dejarlos. ¿Fuiste tú o fue ella quien se acercó primero? Noche adentro, tu mirada clara la atraía como la falena va hacia la llama. Algo en la soberbia de ambos los aislaba: un misterio que precede al tiempo, el arcano telúrico del deseo. Tú no bailabas; o quizás nadie lo hacía. Finalmente estuvieron solos, lejos del resto de la gente. Se hablaron, y tu voz se volvía cada vez más suave. Ella rozó tu mejilla; la tomaste entre tus brazos – noche adentro la besaste. No pudo verte a los ojos; por las noches, le gustaba callarse.&lt;br /&gt;¿Se trenzó la aurora mientras la besabas? Se escaparon las horas, y tu partías ese mismo día. Se habrán prometido verse en otra ocasión; o por lo menos te arrancó la promesa de una llamada. Y los amigos se habrán reido, al verla, por primera vez, tan rebelde, tan salvaje, esperando ansiosamente el destello de un recuerdo, invocando a un desconocido que nunca más volvió a ver.&lt;br /&gt;Viajabas mucho en esa época, como tal vez lo sigas haciendo ahora; la llamaste de lugares distintos. Todos se inscribieron en su geografía pasional - ¿por qué llamaste a la embrujadora de los trópicos, la hechicera que finalmente se doblegaba ante tu voz? Era el día de tu cumpleaños, y tu soledad la hizo prometer que nunca olvidaría manifestarse en ese día. Hasta ahora, tantas lunas han pasado, y ha cumplido su promesa, muy a pesar tuyo. El regreso cíclico del sol a tu signo es para ella el llamado místico de los recuerdos. De la memoria, frente a tu olvido. El suspiro de la estatua de sal, tragándose cada grano de su gesto irremediable. Cuántas mentiras, Sebastián, para preguntarte si aún te acuerdas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue de viaje. La gitana fascinada te escribió, te llamó. Como arena se disolvían las largas horas que pasaban al teléfono. Quizás simplemente se aburrían juntos. Eras ya un hombre melancólico, tu indefinible tristeza vibraba con sus anhelos; o acaso tu voz era la de la indiferencia, la del artificio que se alarga más allá de lo previsto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al regresar a aquel país, encontró tus cartas. Una llamada antes que se diluyera el timbre ya lejano de tus silencios.  Noche adentro, te invocaba, y su voz se perdía en el laberinto de tu ausencia. Noche adentro, el testigo perdido de lo invisible.&lt;br /&gt; Su vida empezó a deshojarse a carcajadas. Sebastián, en cada hombre que cruzaba se agolpaba como en un ahogo el engaño de tus ecos. Le dijiste que la verías para las fiestas, ¿o simplemente se lo inventó ella, como siguió inventando tu existencia durante años? Esa navidad, cuando la soledad pegaba más fuerte, te esperó, palpitante y alucinada. Creyó verte al umbral de su puerta. ¿Cómo fue ese primer delirio? Me pregunto cómo se teje la ilusión, incluso frente a la evidencia. ¿Acaso se negaba a ver los ojos negros de aquel que la abrazaba mientras entre jadeos te decía Sebastián, pensé que no vendrías ¿Por qué no has venido? ¿Por qué te veo si no estás? ¿Por qué te vió si no estabas, si nunca estuviste? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Probablemente no recuerdes la ultima vez que oíste su voz. Se había fugado de su casa; a los catorce años era rebelde, decidida – terca e insolente. Había ya cumplido dieciséis anos, y era lo único que tenía. Aferrándose a la fuerza que te había inventado, trató de llamarte. Fuiste muy claro, y le pediste que cesara la broma. ¿Pero desde cuándo no sabía reírse? Se sorprendió al no sentir dolor, ni derramar las clásicas lágrimas de adolescente. Cómo sigue esta historia tan banal, solo lo sabe el fuego fatuo que la visitaba al sumergirse en sus propios sortilegios.&lt;br /&gt;¿Por qué entonces empezó a crear de tu olvido un mito...? No era ya el poema de tu ausencia, Sebastián, era la noche abierta de tu huella invisible, la melodía en sordina que acarreaban tus borrosos rasgos, destellos ciegos de aquella madrugada perdida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron unos años. Se disfrazó para buscarte, ya sin esperanza, por locura acaso. El sol negro de otra madrugada la encontró tejiendo fábulas de olvido, para amar a un hombre. Pero regresaba siempre el juego, la máscara irreversible. Dando en holocausto su más inexplicable anhelo, un sacrificio a solas que no supiste descifrar.&lt;br /&gt;¿Lo sospechaste alguna vez, cuando naufragaba entre disfraces para llegar hasta tu vida sin amenazarte?&lt;br /&gt;Pensaba haberte adivinado nuevamente, inventándote a través de palabras nuevas. Quizás mentías de nuevo, quizás te vestías de sinceridad, para ocultarte una y otra vez. No parecías necesitar a nadie; quién iba a pensar que tus ojos claros encerraban tanta ausencia. ¿Creíste de verdad que era alguien más, o simplemente seguiste el conjuro, la metamorfosis del torbellino? Seducido el silencio, abierto el abismo... ¡ qué áspera tu sombra, qué cruel el vértigo, qué evanescente tu figura! Y los mismos gestos inútiles resuenan en sus gritos, como el eco se repite en el vacío. Y te llama sin cesar, algunos días, cuando la nostalgia no tiene nombre – entonces te pronuncia-; cuando la soledad embriaga – entonces enrama tu silueta cóncava. Como si el mundo entero naciera de un olvido. &lt;br /&gt;Y en esa carta que encontré parecía desterrarse de tu vida, finjiendo un simple adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;**&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa misma noche, como por superstición, quise lanzar al río aquellas páginas, consumando una ceremonia de adioses silenciosos – arrancándole al viento una voz para que, de alguna manera, imperdible Sebastián, te reconocieras al fin en estas palabras tan llenas de tu sombra, lo único tangible que nos queda a las dos. Estas palabras, que son las últimas que Esperanza Persona te enviara, y los únicos silencios que yo te escriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cerré los ojos y lancé la carta al agua. A un desconocido, carta intempestiva. Un frío cortante en el silencio del agua, una sensación de asfixia me hicieron alzar la vista. Entonces desde la hondura la ví alejarse, la ví alejarse, desenvuelta y ligera, mientras me quedaba yo con sus recuerdos, el frío en mi espalda mientras imaginaba tus manos que no me alcanzan, que no pueden salvarme.&lt;br /&gt;Ahora soy yo quien miente este olvido, mientras veo a Milena Lázarus alejarse Sebastián, en un rápido y gracioso andar que alguna vez fue mío, la veo alejarse con mi vida que ya te desconoce. Espejismo espejismo, dime quién miente este instante, si la diana o tu olvido. Es ahora mi cuerpo el enigma que ondula entre las crestas del Sena, mientras ella simplemente se va, deshojándose como una amapola en la alborada – la alborada que me encontró naufragando en la máscara de tu rostro infigurable. Ahora tiemblo de frío mientras la corriente me arrastra, y tengo catorce años para siempre mi pelo se enreda entre las algas y sin jamás haberte visto no te olvido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; París, agosto del 2005&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1849065811765140909-5082520824779159785?l=esperanzapersona.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://esperanzapersona.blogspot.com/feeds/5082520824779159785/comments/default' title='Publier les commentaires'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1849065811765140909&amp;postID=5082520824779159785' title='0 commentaires'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1849065811765140909/posts/default/5082520824779159785'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1849065811765140909/posts/default/5082520824779159785'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://esperanzapersona.blogspot.com/2007/02/impromptu-noche-adentro.html' title='Impromptu Noche Adentro'/><author><name>Monelle</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08955711718339016040</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1849065811765140909.post-2738179736498338649</id><published>2007-02-24T15:47:00.000-08:00</published><updated>2007-02-24T15:48:09.600-08:00</updated><title type='text'>El diario perdido de Esperanza Persona</title><content type='html'>Jueves, 11.08 am, aeropuerto Charles de Gaulle, París&lt;br /&gt;Me invento una carta de amor. Una necesidad terrible e ineluctable: crear un acontecimiento, algo que venga a perturbar mi vida intranquila, algo que me arranque a estos días que pasan sin piedad, y sin ancla en puerto alguno. Espero el vuelo a Lisboa – a las doce debería despegar el avión sobre el abismo, y llevarme hasta esa tierra desconocida.&lt;br /&gt;Imagino que encontraré a un hombre nuevo, desconocido; un hombre fuerte, cuyo abrazo imaginario me llevaría al principio del tiempo, ahí donde nada existe todavía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jueves, 6.55 pm, Lisboa (calle)&lt;br /&gt;Finalmente puedo sentarme en la azotea, ver el cielo que lentamente se desvanece en una oscuridad de leyenda. Puedo sentir una brisa marina que invade mis sentidos. Un soplo de viento, un vaso de vino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viernes, 7.03 am, Lisboa&lt;br /&gt;El día regresa a esta ventana; me preparo lentamente a robarle unas horas a la ciudad, a perderme como en un laberinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12.30 pm&lt;br /&gt;Me levanté al alba, recorrí la avenida “Libertad”, en las aceras que desafiaban a las sombras. Las arabescas en la vereda me recordaban sueños de otros días. Un viento ligero acariciaba mi cuerpo, la brisa se anidaba entre mis cabellos, como las manos iagianrias de ese hombre que en el sueño lejano me hacía cautiva de sus ojos claros.&lt;br /&gt;Ciudad chillona, ciudad ruidosa, ciudad indecente. Magnífica, terrible ciudad.&lt;br /&gt;El sol hace los sonidos más agudos.&lt;br /&gt;Me duelen los pies. No me gusta la mirada de los hobres de la ciudad. Silban, invitan.&lt;br /&gt;Tal vez mi aire perdido les da la ilusión que les mostraré una ruta cualquiera. Me gusta la gente que cruzo en los cines. El intervalo de la oscuridad, 24 vidas por segundo. Comparto con ellos un sueño de desfile sin fin. Me gusta el cine porque puedo soñar a gusto.&lt;br /&gt;Ahora, soñé en hacerme bella para el hombre imaginario.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1849065811765140909-2738179736498338649?l=esperanzapersona.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://esperanzapersona.blogspot.com/feeds/2738179736498338649/comments/default' title='Publier les commentaires'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=1849065811765140909&amp;postID=2738179736498338649' title='0 commentaires'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1849065811765140909/posts/default/2738179736498338649'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1849065811765140909/posts/default/2738179736498338649'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://esperanzapersona.blogspot.com/2007/02/el-diario-perdido-de-esperanza-persona.html' title='El diario perdido de Esperanza Persona'/><author><name>Monelle</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08955711718339016040</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
